言語の世界

Gengo no Sekai — Sergi Paterna

traducir el humor del manga: dajare y onomatopeyas

El manga constituye uno de los terrenos más fértiles para el humor visual y verbal que Japón ha producido durante el último siglo. Dentro de sus viñetas conviven chistes de situación, exageraciones gráficas, referencias culturales y, sobre todo, un uso muy consciente del idioma japonés como material lúdico. Quien se acerca a la traducción de estas obras descubre rápidamente que el mayor reto no reside tanto en el dibujo como en la lengua escrita, capaz de desdoblar su significado en un abrir y cerrar de ojos mediante sonidos, acortamientos y dobles lecturas.

Para el traductor especializado, cada página de un manga humorístico plantea un rompecabezas lingüístico donde el sentido depende a menudo de una sílaba, una repetición fónica o un sonido inventado. Comprender cómo funciona esa maquinaria es el primer paso para decidir si conviene domesticarla, conservarla o reinventarla en otra lengua. Este recorrido por los mecanismos del humor manga explora los recursos más característicos, los dilemas que enfrenta quien traduce y las soluciones que la profesión ha ido ensayando con el tiempo.

Mecanismos del humor verbal en la viñeta japonesa

El humor del manga rara vez se apoya en un solo recurso. Lo habitual es que convivan en una misma escena gags visuales, diálogos absurdos y comentarios del narrador que rompen la cuarta pared. En el plano lingüístico, los mangaka explotan la escritura japonesa con una libertad asombrosa: aprovechan los kanji por sus múltiples lecturas, juegan con la diferencia entre hiragana y katakana, y convierten cualquier palabra en material para un chiste.

Esa polivalencia escrituraria permite, por ejemplo, que un mismo carácter signifique algo totalmente distinto según se lea de una forma u otra. El resultado es un texto que invita a reírse dos veces: una por la situación dibujada y otra por el acertijo fonético o semántico escondido entre líneas. El traductor debe identificar ambos niveles, porque la pérdida de uno de ellos convierte el gag en un chiste a medias.

El dajare y los juegos de palabras intraducibles

Entre los recursos más conocidos del humor japonés se encuentra el dajare, el juego de palabras basado en la homofonía. Su forma más simple repite una palabra con un ligero cambio fonético para producir un significado diferente, algo parecido al calambur español pero con una carga cultural añadida. Muchas series humorísticas como Jarinko Chie, Kochikame o Gintama han hecho del dajare una seña de identidad.

El problema para la traducción es evidente: lo que suena cómico en japonés rara vez suena cómico en castellano o en inglés. A veces la broma depende de un par de sílabas que carecen de equivalente en otra lengua, o de un giro gramatical que solo funciona dentro del japonés. Cuando el traductor detecta un dajare, tiene ante sí varias salidas posibles, cada una con sus propias consecuencias para el ritmo y la gracia del original.

Onomatopeyas y mimesis: el universo sonoro del manga

Junto a los juegos verbales, el manga japonés despliega una enorme variedad de onomatopeyas que en español solemos reducir al parpadeo de una estrella o al estallido de un bocadillo genérico. La realidad es mucho más rica: existen categorías léxicas específicas para los sonidos de la naturaleza (giongo), para los estados psicológicos (gitaigo), para los movimientos del cuerpo (giyougo) y para matices casi imperceptibles del estado de ánimo de un personaje.

Categorías de onomatopeyas presentes en el manga:

Estas voces cumplen en el manga una función narrativa esencial: marcan el ritmo de la lectura, anticipan un chiste, exageran una mueca o subrayan el silencio. Un simple shiiin puede transmitir un escalofrío, una tensión incómoda o la vergüenza más absoluta, según el contexto y el dibujo que lo acompañe. El traductor debe calibrar el peso de cada sonido dentro de la escena antes de decidir si lo adapta, lo sustituye o lo elimina por completo.

Domesticar o exotizar: el dilema del traductor

Una vez identificados los mecanismos del humor, llega la hora de tomar decisiones. Quien traduce manga puede optar por domesticar el chiste, esto es, reemplazar el juego japonés por otro que funcione en la lengua de llegada. Esta estrategia, defendida por muchos editores, busca que el lector se ría en el mismo punto que el lector japonés, aunque el contenido del chiste cambie por completo.

La alternativa es exotizar: mantener el original, añadir una nota o dejar que el contexto haga el trabajo. Esta vía preserva la extrañeza del manga, su sabor japonés, pero corre el riesgo de que el lector no perciba el ingenio. Entre ambos polos existen soluciones intermedias, como añadir un breve guiño dentro del bocadillo que sugiera la broma sin explicarla, o bien respetar el sonido original y confiar en la intuición del público adulto.

Recursos habituales del traductor ante un juego de palabras:

La elección depende del público, del tipo de manga y de la política editorial de cada colección. Una comedia absurda dirigida a adolescentes admite domesticaciones más audaces que una obra autoral pensada para lectores familiarizados con la cultura japonesa. Lo importante, en cualquier caso, es que la decisión sea coherente a lo largo de toda la traducción y no obedezca al azar.

Manga impreso y subtitulado: dos lenguajes para la risa

Cuando el manga se traslada a la pantalla, ya sea en una adaptación animada o en un fansub, el traductor cambia de registro. El subtitulado trabaja con restricciones de espacio y tiempo muy distintas a las de la página impresa: cada línea debe caber en pantalla el tiempo justo para ser leída, lo que reduce las posibilidades de notas largas o explicaciones.

En el manga impreso, en cambio, abundan los cartuchos explicativos, las onomatopeyas flotantes y los comentarios del autor al margen. El traductor tiene más margen para reconstruir el chiste, jugar con la tipografía e incluso inventar un sonido equivalente en castellano. Esa flexibilidad permite decisiones más creativas, aunque también exige mayor responsabilidad, porque el lector confía en que la versión impresa conserve la voz del autor original.

Cuando la risa viaja: la recepción del humor traducido

Una traducción lograda no es aquella que reproduce cada fonema del original, sino la que consigue que un lector distante se ría donde se reía el lector japonés. Esa es, en el fondo, la medida del éxito. Las grandes traducciones de manga humorístico en español, desde Ranma ½ hasta Doraemon, muestran que es posible trasladar la comicidad japonesa sin traicionarla, siempre que el traductor entienda la lengua, la cultura y el oficio del manga.

El humor del manga se construye con palabras que suenan, se deforman y se desdoblan. Quien se acerca a traducirlo acepta un pacto con el lector: el de reconstruir, en otra lengua, una risa que nació de unos signos muy concretos. Ese pacto, cuando se cumple, convierte cada página traducida en una pequeña victoria de la lingüística aplicada.