Introducción

La entrada de hoy trata de una de las cuestiones que menos se han estudiado de la enseñanza del japonés como lengua extranjera: la poca importancia que le dan los profesores no nativos de japonés al aspecto prosódico de esta lengua durante la enseñanza del idioma como lengua extranjera.

Sin duda esto ha llegado a ser un problema serio que debería ser tomado muy en cuenta. Para poder a entender la importancia de esta cuestión, el alumno   tiene que tener en cuenta que cada palabra que aprende de japonés tiene un determinado y apropiado patrón de entonación  (Hight/Low).  Pero, este patrón puede cambiar en el momento en que formen parte de una frase y de un contexto pragmático concreto que puede modificar su patrón prosódico original.

La importancia de la fonética y la prosodia

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¿Cómo debería ser la entonación fonética y  prosódica de esta frase de Freezer?

Esta es una carencia que se vuelve más relevante si se añade la dificultad que representa el aprendizaje del japonés si observamos  la cohexistencia de tres sistemas de escritura. El dominio de estos tres sistemas es básico para empezar a dominar las competencias lingüísticas que los docentes exigen al alumno.

Si tenemos en cuenta  que la prosodia está relacionada con la entonación fonética, su dominio debería de ser primordial para el dominio de la comprensión y expresión oral en los primeros momentos del proceso de aprendizaje del idiomas. Además, el alumno no es consciente de tener esta carancia en su expresidad y comprensión oral.

Si se observa el conjunto de las lenguas que se hablan en Asia Oriental, el japonés es una excepción dentro de este conjunto.

El japonés, al ser una lengua aislada, tiene una prosodia que no se basa en un sistema tonal, como ocurre con las lenguas sínicas, sino que tiene su base en el acento, en este caso muy parecido al castellano o al catalán, por lo tanto, no debería de ser un problema tan grave para los docentes que imparten sus clases en estos dos idioma.

Si a esta diferenciación prosódica que la identifica como una lengua diferente a su conjunto geográfico añadimos que muchas escuelas de idiomas y universidades japonesas pueden llegar a exigir una competencia oral muy cercana a la nativa para admitir a alumnos extranjeros, no se puede entender que en las escuelas de idiomas que enseñan el japonés como lengua extranjera no tengan en cuenta la prosodia y la fonética   para alcanzar los niveles exigidos del dominio del acento prosódico.

Actualmente, tal dominio solo se puede conseguir a través de la inmersión lingüística en el país.

Por lo tanto, surge la gran pregunta: ¿Cuáles son los problemas reales a los cuales se debe enfrentar un alumno que está aprendiendo japonés como segunda o tercera lengua?

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¿Cómo un estudiante debería marcar la cadencia prosódica de las expresiones de Piccolo y Freezer si lo leyera en voz alta?

Estos problemas están diversificados en cada uno de los aspectos de la enseñanza del idioma que afecta tanto al profesorado, que debería de tener un nivel óptimo en todas las competencias lingüísticas exigidas por el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas, como al alumno que no adquiere un aprendizaje óptimo de la lengua por las carencias de los decentes. Por ello estos problemas se podrían dividir en los siguientes puntos:

  1. El tiempo limitado del estudio de la prosodia del japonés en las escuelas.
  2. Los docentes de japonés no tienen la suficiente competencia lingüística para enseñar prosodia y fonética.
  3. No existe un material didáctico adecuado para poder realizar una enseñanza profunda y de calidad de la prosodia y la fonética.
  4. Esto da resultado que no se mejore la expresión oral y la comprensión oral dentro de un contexto determinado, como puede suceder en las clases de lengua japonesa para extranjeros.

En el campo de la lingüística aplicada al japonés se podría y debería  mejorar estos defectos de base para optimizar la enseñanza de este idioma como lengua extranjera.

Es por ello que los  lingüistas deberían poder ofrecer la solución a los docentes de japonés.

Esta solución podría partir de un cambio de las metodologías de aprendizaje del japonés y potenciar, sobre todo, la fonética y la prosodia en los niveles más bajos (A1, A2, N5 y N4) para poder solventar todas estas  deficiencias estructurales de base en la metodología del aprendizaje que afectan la comprensión y la expresión oral.


BIBLIOGRAFÍA