Ya lo  tienes todo preparado: los diccionarios, el blog personal donde has ido traduciendo pequeños textos, tienes los contactos y llega el gran momento de la apoteosis final, el de la prueba de traducción con la que demostrarás que no has estudiado en balde. Te dedicas horas a traducir, formato de entrega, muchísimas revisiones del texto en la lengua meta, lees una y otra vez el texto  en la lengua de salida y después de haber puesto todo tu empeño, ganas e ilusión envías tu traducción.

Desde el momento en que te llegó el texto estás nervioso, quieres saber el resultado ya que crees que tu traducción es buenísima, la mejor del mundo mundial, nadie antes que tú ha traducido nada igual. ¡Qué tiemblen Shakespeare, Cervantes y Toriyama! Total si Tezuka es el dios del manga, tú eres el Dios de la Destruc… Traducción. Sí, puedes parecer un poco creído y endiosado, pero las musarañ… las musas están contigo. No,  la realidad de las pruebas de la traducción es  para ponerte exactamente en tu sitio.

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¡Disfrutando del momento!

Llega el día de la respuesta, en el fondo, pero muy en el fondo sabes que has tenido fallos (fruslerías como diría un Espectro del Anillo) ya que al fin y al cabo eres un traductor amateur y nadie te ha enseñado el oficio, vamos, que te has convertido en tu propio maestro sin que nadie te corrija ni te diga dónde has fallado. Entonces abres el mail de Google y ves el mensaje que te avisa de la llegada de la temible ¡¡CORRECCIÓN FINAL!! (TATATACHÁAAAAN)¡FUEGOS ARTIFICIALES! ¡ALEGRÍA! Y ¡ALBOROTO! Has llegado  al Olimpo de los Dioses… pero ¿Os acordáis de Faetón?  Si  cuando enviaste la prueba subiste al cielo, ahora caes de cabeza en la olla de Belcebú, Satanás y Mefistófeles que te reciben al unísono con alegría y salero.

Aquella prueba de traducción que hiciste con toda la ilusión del mundo, donde habías puesto todas las ganas, conocimientos  e ilusión tiene fallos. Tiene fallos garrafales, otros no tanto, pero  los tiene.  Te das cuenta que, tras haber revisado mucho, muchísimo el texto,  se te han escapado demasiadas cosas que no has sabido ver ni leer.

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¡También disfrutando de los fuegos artificiales!

Entonces te das cuenta de un hecho, que no eras el traductor que esperabas ser, que te creías ser uno de los  Kaioh Shin de los traductores y no le llegas ni a la altura de Dende porque aunque no te falte oficio te falta experiencia y conocimiento, al fin cuentas hasta este momento nadie te había corregido nada ¿No? Después de unos días hecho polvo, triste, hundido en la miseria y considerarte el despojo humano de los traductores piensas en tirar la toalla, dejarlo… ¿Total para qué seguir? Pero te aferras a una cosa que la consideras una pequeña esperanza.

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Pero el resultado final de la prueba… No, no eres Célula.

Aún te queda una pequeña esperanza, recuerdas que te apuntaste a un cursillo de traducción, en el fondo, muy en el fondo, sabías que no eras tan bueno. La ilusión de ser profesional, de conseguir realizar uno de tus proyectos vitales, te había cegado completamente no dejándote ver la realidad. La prueba de traducción fue el mazazo positivo que necesitabas no para abandonar, si no para seguir. Ahora conoces tus errores, sabes en qué fallas, aprendes de los errores cometidos, por fin tienes unas pautas que seguir. Al fin y al cabo has conseguido una de las cosas que muchos no han conseguido todavía.  Además, continuas conociéndote día a día  un poco más tras cada experiencia vivida.

Si he escrito este texto es para hablar de ello, de esta experiencia vivida, de poder escribir de ello con un toque de humor. De demostrar y demostrarme que hay que seguir adelante aunque los planes no me salgan bien. Hace poco realicé una prueba de traducción y el resultado fue positivo, no como me esperaba que fuera, pero lo fue. Conocí mis errores, mis fallos.

Al fin de cuentas me mostraron lo que no sabía ver. Incluso ahora, después de varias semanas reflexionando  y pensando sobre el tema, he podido escribir un texto irónico,  incluso exagerando  la experiencia. Pero lo más importante es dar las gracias por la oportunidad ofrecida y sobre todo no tirar nunca la toalla. Puedes caer una y otra vez, pero llegará un momento en que te tropezarás y no te caerás. ¿Quién dijo que el camino del traductor era un camino fácil?

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Imagen 05: Arigatou gozaimashita

 

Sé que el camino es duro, lo he sabido siempre, pero creí que no lo era tanto. La prueba de traducción fue el mordisco que me devolvió a la realidad y es el momento de continuar. Al fin de cuentas me han hecho un grandísimo favor al decirme los errores. Y de los errores se aprende ¿No?